NOTICIA Foto: Eduardo Casalini- Wikimeida Commons

En Bogotá se hacen malabares para robar sonrisas

Nuestras calles con sus plazas y semáforos son el hogar, academia y sitio de trabajo de cientos de artistas de circos, donde tipos y viejas muy ‘duros’ nos presentan tremendos espectáculos en menos de 2 minutos que puede tardar el cambio de rojo a verde.

Para los que hacen malabares en Bogotá, la historia es similar para muchos de ellos, porque comienzan como un pasatiempo, si le agarra el tiro lo sigue explorando, y cuando encuentran otras oportunidades, como trabajo y el  sueño de viajar ‘mochileando’, pues el hobby pasa a ser cosa de todos los días y un estilo de vida

Amaranto Botero, uno de esos que se dejó enamorar por el malabarismo cuando comenzó a practicar con limones en su casa, cuenta que en Bogota “uno puede encontrar parches de malabaristas en parques, bodegas, centros culturales, etcétera. Depende de en qué sector esté uno de la ciudad. Lo más fácil es preguntarle a un malabarista en dónde se reúnen a entrenar. Por ejemplo en el parque de Usaquén los domingos van muchos malabaristas o en la Candelaria también hay parches de entrenamiento”.

De hecho en Usaquén se reunió tremendo ‘parche’ el 28 de junio a celebrar el día internacional del malabarista. Volaron bolas, diábolos, cintas por allá, por acá, gente haciendo danza aérea (la de las telas) mucho fuego y un despliegue de talento propio del circo. Desde hace 6 años se celebra esta fecha de forma masiva, para difundir el arte malabar, y de generar un espacio de encuentro y participación entre los amantes del circo.

Un plan así variado puede ser el siguiente: ir a ver malabares, escaparse al sendero de la Aguadora y de bajada, después de comer en alguno de los tantos lugares en la zona, pasar y comprar alguna ‘maricadita’ en el Mercado de las Pulgas.

Foto: Alejandro Gómez_ CÍVICO Cristian David (Minie Man). Especialidad: Disociación

Foto: Alejandro Gómez_ CÍVICO
Cristian David (Minie Man). Especialidad: Disociación

Volviendo a lo de los malabares en Bogotá…es que es bien bonito e intrigante. Desarrollar la técnica no es cosa fácil, son muchas cosas en juego como la coordinación, la destreza, la estética del movimiento, el control del cuerpo, la puesta en escena, porque es un espectáculo total. “Es usar y estimular los dos hemisferios del cerebro. Es desarrollar la motricidad, el equilibrio, la atención, la respiración, y las relaciones humanas” dice Amaranto.

Es una profesión, es cierto que aunque puede empezar como un pasatiempo al final es una profesión como cualquier otra. De la que se aprende, se vive, se goza y que merece todo el respeto. Ellos son de los pocos que madrugan un domingo a trabajar a en los semáforos mientras la mayoría duermen como ‘dios manda’ (Soy de las que disfruta ver profesionales haciendo malabares en un semáforo que gente pidiendo limosna).

Sobre la cuestión de que si es económicamente rentable o no, Amaranto cuenta que como en todo, “que le vaya a uno bien o mal, es incierto como en todas las profesiones. Depende de tantos factores como la pasión, perseverancia, constancia, rigor, valor, suerte, entre otras. Lo que tiene el malabarismo que no tienen muchas profesiones es que te da cierta libertad. Puedes recorrer el mundo entero, trabajando y ganando a diario sin necesidad de jefes, contratos y todo eso con lo que tanta gente se estresa. Haces lo que te gusta y estas aprendiendo siempre cosas nuevas”.

Además, una cosa es trabajar en el malabarismo callejero y otra como parte de un proyecto artístico, para eventos o cosas por el estilo.

Es un arte que enamora en doble vía, porque por un lado hacen que uno como un caminante más de la calle, o chófer al volante, se detenga por una fracción de segundos para concentrarse en ellos y dejarse sorprender. Uno incluso puede salirse de la rutina (sobre todo si va a pie) para dedicarle cinco ‘minuticos’ de atención, aplausos y sonrisas.  Para ellos, esa relación y gente sonriendo para ellos es una experiencia única. “Lo bonito de hacer malabares es hacer algo con tu cuerpo y con elementos en relación con el tiempo y el espacio. Es poder compartir algo de uno en un lenguaje universal que es el cuerpo, el movimiento, la magia. Es llenarse de sonrisas de niños y de adultos sorprendidos”.

Es una escuela de vida y agencia de turismo

Son muchas las historias de ‘pelados’ que arrancan con algo de ropa y sus juguetes para recorrer pueblos, ciudades o países haciendo malabares. De esquina en esquina van consiguiendo el dinero que necesitan para comida y gastos varios, y así llegan hasta Argentina. Ya más de uno quisiera poder dejarlo todo y largarse a viajar sin preocuparse por dinero, o cuándo volver, eso hace parte de la libertad que menciona Amaranto en esta profesión, él también se hizo el viaje.

“Al Circo le agradezco enormemente ese mundo de posibilidades de aprender mediante técnicas diferentes aspectos de mí mismo. Le agradezco haber abierto un camino donde he podido encontrarme y permanecer en la constante búsqueda. Le agradezco que muchas veces lo puedo seguir vinculando en mi vida y en los diferentes proyectos sociales y artísticos.

La reflexión que deja Amaranto, es que “en un tiempo donde los niños de las ciudades,  y a veces del campo, ya no juegan con sus amigos a la intemperie, con elementos de su imaginación o de su cotidianidad, donde la virtualidad y la soledad los acompañan desde una pantalla, es importantísimo volver al juego, al movimiento, a la creatividad, a la imaginación y al compartir con otros seres a la luz del sol”.

Si está empezando o quiere intentarlo en casa puede usar frutas, botellas plásticas o cualquier cosa que se encuentre en la casa. Pero si la cosa va más en serio, es usual que en los teatros ofrezcan clases de circo y ‘clown’, dónde las materias serán malabares, escupir fuego, montar en monociclo y cosas por el estilo. Una opción puede ser Bataklan Corporación De las Artes, o la Fundación Cultural de Malabares y Acrobacias.

Los retos cambian de acuerdo a cada persona, “para mí lo más difícil en el malabarismo, más que un truco en específico, es darle contenido a lo que se hace, así sea el truco más sencillo y elemental. Transmitir algo concreto, algo humano, comunicar, jugar e interactuar con el público”. Cada loco con su cuento.

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Sandra Defelipe
Rola con toda, y parte de CÍVICO hasta el 2015, ahora es colaboradora desde la distancia. Ha pasado por EnterCO y Hangouts de Periodismo. Actualmente recuerda a Bogotá desde Salvador de Bahía, Brasil: ''Paticortica' pero de muchos pasos, me encanta caminar por Bogotá, mejor si está gris y con pinta de llover, rolo que se respete no le gusta el calor.
Publicado
julio 04, 2015

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