NOTICIA Foto: Javier Guillot- Flickr

Viva en carne propia las historias del 'pueblo fantasma' de La Calera

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En la vía La Calera-Chingaza, en medio del paisaje montañoso y frío de Cundinamarca, La Siberia ha sido por años un punto de visitas para los amantes del terror, las historias de miedo, o los que gustan de la adrenalina y quieren pegarse un buen susto.

No más imagínese un pueblo desocupado, en el campo, a la media noche, así no pase nada. Seguro ya estará predispuesto y si pasa un ratón se asustará.

De fábrica pujante a ‘pueblo fantasma’

En 1933 cuando La Calera era tan solo un caserío y el Parque Natural Chingaza no existía, la cementera Samper (la primera del país en ese entonces) construyó la planta La Siberia, una proeza de infraestructura.

Hoy, 82 años después, solo quedan ruinas corroídas, pisos y paredes abrazados por la maleza, chécheres viejos y polvorientos, una fuente de mitos y  un imán que atrae a curiosos. (Lea también: ‘Un duende ronda la cocina y la fiesta de este restaurante-bar de La Candelaria‘).

La construcción contaba con la fábrica, iglesia, hospital y casas para los trabajadores. Tenía, además, tres hornos daneses y enormes chimeneas que sucumbieron ante el tiempo y el abandono. Ya son 16 años desde que cerró esta cementera donde trabajaban 200 operarios que producían 1.500 toneladas de cemento marca Samper.

Después atravesar dificultades por al recesión económica, y capotear al sindicato de trabajadores, la fábrica fue clausurada en 1999 y poco a poco los obreros la fueron abandonando. Así ha permanecido hasta ahora. Han sido años para alimenta historias de fantasmas y actividades inexplicables que han atraído a curiosos por años. (Lea también: ‘La bruja’, un restaurante con historia paranormal y comida que hechiza‘).

Cementos Samper ya no existe, fue comprada por el grupo mexicano Cemex, quienes están en una lucha constante para evitar que la gente vaya a La Siberia, porque, según ellos, no hay nada de fantasma ni mucho menos está abandonada. Por el contrario, la están desmantelando y está en marcha un plan de desarrollo urbanístico para darle vida una vez más a esta zona y dejar atrás al pueblo fantasma.

Qué hay en La Siberia

Ruinas, escombros carcomidos por el viento, la lluvia, las flora y los animales, pero también los daños, basura y grafitis que años de turismo han dejado en sus paredes. La Siberia, además de la fábrica, tenía iglesia, colegio, hospital, casas, cooperativa, canchas de fútbol, tiendas, famas y droguerías para los trabajadores y sus familias, unas 80, quienes al principio no pagaban arriendo.

Algunas de las historias que se cuentan, es que estando cerrada, en la clínica de Siberia los celadores empezaron a ver que las luces se encendían dentro del lugar; también dicen que escuchaban pasos y veían a una enfermera, incluso, fuera de la cementera.

Recientemente Valeria Chantré, periodista del Canal Caracol contó que durante una visita al pueblo fantasma con su equipo, escucharon un coro de niños cantando “es María la blanca paloma”. Sin embargo, gente de la zona comentó que ese día hubo una procesión y que probablemente los coros venían de esas personas, no de niños fantasmas.

Sin embargo son solo eso, historias, y además de escombros y ruinas no hay nada más. De hecho, la entrada no es legal porque la propiedad es de Cementos Cemex, quienes prohíben el ingreso, aunque no lo pueden controlar porque se trata de predios gigantes y aunque tienen seguridad, no pueden contener a tanto curioso.

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Publicado
mayo 10, 2018

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