NOTICIA Foto: @hugoleonrojito

"Empachonas" y "tamal volteado": lo mejor de El Antojo en Las Ferias

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A excepción de los vegetarianos, y de los que se cuidan mucho por cuestiones de salud, creo que todos hemos desayunado con un tradicional tamal; en el caso de los bogotanos, con chocolate y pan. Pero este plato popular, varía según la región. Cambian sus ingredientes, las formas y los nombres (“pastel” en la costa y “ayaca” en el llano).

Mi madre, que tenía un negocio de barrio, en Álamos, los vendía en diciembre. A veces, yo era el encargado de ir hasta la fábrica, que quedaba a unas diez cuadras de mi casa. Cuando llegaba con mi carrito del mercado, me sentaba a esperar que me despacharan el pedido frente a unas ollas gigantes, montadas en unas estufas industriales que trabajaban a gas.

Tengo que reconocer que me ofrecía a hacer los mandados porque la dueña de la fábrica, una señora robusta, nacida en Purificación, Tolima, siempre me regalaba dos o tres tamales para mí o para llevarle a mi familia.

Hasta hace poco, creí que la única forma de cocinar el tamal era la de esa señora. Pero me encontré, en el barrio Bonanza, frente a la Plaza de las Ferias, una fábrica de tamales llamada ‘El antojo‘, que me enseñó algo nuevo sobre este plato típico.

Fachada del sitio. Foto: @hugoleonrojito

Fachada del sitio. Foto: @hugoleonrojito

Allí me sirvieron algo que se llama, “el tamal volteado”, que no es otra cosa que una delicia: tamal tradicional con adición de porción de lechona. Sé que es poco saludable por la cantidad de grasa que da la unión de estas dos comidas tradicionales, pero no se imaginan la delicia.

A raíz de eso, hablé con Lady Burgos, hija del dueño y administradora del lugar, quien abandonó su profesión para dedicarse a la empresa familiar, que le deja mejores réditos económicos.

Me contó que, la suya, es una fábrica de tamales de alta tecnología; ante todo, esto es para mejorar la producción, pero también para hacer más higiénico el proceso. La idea surgió luego de varias visitas a las regiones donde ella compra los insumos, como las hojas para envolver el tamal, donde se dio cuenta de que no era muy “religiosa” ni estricta su recolección en cuanto a normas de salubridad.

Decidió entonces cocinar los tamales en una especie de “ollas pitadoras”, industriales y de gran capacidad, que funcionan a vapor, y que por las temperaturas que manejan, acaban con cualquier bacteria posible.

Foto: cortesía.

Foto: cortesía.

 

 

Así que ya saben, si quieren un tamal de mucha confiabilidad y de alta calidad higiénica, visiten en el sector de Las Ferias, esta fábrica de tamales ‘El antojo’. A mi me convencieron y me atendieron muy bien. Volveré pronto a desayunar y a que me cuenten más de la historia del negocio, que es lo que más me gusta para recomendar a los lectores de CÍVICO.

Mientras hablábamos -yo seguía echándole muela a mi “tamal volteado” con jugo de mora-, me contó que su tío es, además, el encargado de preparar y cocinar la lechona, así como otra invención deliciosa:  las “empachonas”, unas empanadas con el relleno de este mismo producto.

No se lo pierda, y hablé con los vecinos, quienes ya bautizaron el “tamal volteado” con un nombre muy particular. Cuando llegan al negocio, dicen: “deme un Palomino” (a buen entendedor, pocas palabras).

"El Palomino". Foto: @hugoleonrojito

“El Palomino”. Foto: @hugoleonrojito

La dirección de la fábrica es calle 74c No. 70-28 y la del punto de venta, que es ahí muy cerca, es Avenida Rojas No 74B 19. A raíz de su éxito, se animaron a abrir un punto de venta al lado de la fábrica, por pedido unánime de los mismos habitantes del sector. Antes, solo le vendían al por mayo a grandes panaderías.

También tienen sitio web: tamaleselantojo.com, y puede hacer pedidos grandes para el Día del Padre y eventos especiales. Llame al teléfono: 276 46 14, o al celular, 311 226 43 41.

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Hugo Valenzuela
es colaborador de CÍVICO. Era taxista y ahora es conocido por sus reseñas de comida en Bogotá. En Twitter encuéntrelo como @HUGOLEONROJITO
Publicado
junio 13, 2016

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