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'Florida' cumple 80 años y se niega a morir en el "abandono de la Séptima"

La pastelería Florida no se muere ni se mueve de la Séptima, a pesar del olvido y del limbo en el que quedó este corredor peatonal del centro, nos dijo Elsa Martínez, su dueña actual.

Para quienes no la conocen, este emblemático lugar de chocolate caliente, en el centro, esta cumpliendo 80 años de servicio sin interrupciones, durante los cuales ha sido testigo de todo un poco de la historia y los personajes bogotano.

Hoy en día, está sobre la carrera Séptima con calle 21, a unos pasitos del teatro municipal Jorge Eliécer Gaitán, donde vive un momento complicado a causa de la peatonalización de esta vía, la más importante, históricamente hablando, de Bogotá.

Martínez, quien también adminsitra el lugar, cuenta que en su momento apoyó la peatonalización, pero la ejecución ha puesto a la Florida en un punto de quiebre, pues es una zona que a pesar de su importancia ha sido olvidada.

“Ya ni las manifestaciones pasan por acá”, dice. Y la seguridad es protagonista por su ausencia…

“El Florida es un testigo mudo de la historia de este país, pero estamos viendo que los desfiles cogen por otros lados, porque ahora están materas. Nos están cambiando el espacio público del teatro, de las protestas, la marcha LGBTI, que este año no pasó por acá”, agrega ella.

La preocupación no es tanto porque la Séptima sea peatonal o no, de hecho en un principio se apoyo el plan. El asunto es que “en la medida en que no se regulen los usos del espacio público, lo que se hizo fue peatonalizar para las ventas informales y la delincuencia”.

“El señor de al frente se va pero ¿se puede ir el Florida de aquí?, no, el Florida es aquí”, agrega Elsa, y por eso es que adelanta otros mecanismos para proteger y conservar esta pastelería, con su chocolate único.

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El salvavidas que espera conseguir es que declaren a Florida, junto con otros cafés tradicionales del centro, patrimonio histórico de Bogotá. Si esto sucede, así llueva, truene o relampaguee, no morirá.

La pollería de en frente puede cerrar y trastearse, pero Florida no, su historia y éxito está más allá del chocolate o la comida; es el recuerdo y el imaginario de la gente sobre la pastelería y la zona.

El catalán y el artesano del chocolate

José Granés llegó de España huyendo de la Guerra Civil, y en 1936 fundó el Florida en su local original sobre la Séptima. Nadie sabe el porqué del nombre.

Era un salón de té y chocolate, pero no como el actual, sino “el típico que uno toma en Europa en temporada de invierno, que es espeso y amargo. El té lo vendía mucho, porque las élites en Bogotá, o se iban a estudiar a Inglaterra, o aparentaban las practicas culturales y gastronómicas de los ingleses”, cuenta la señora Elsa.

El lugar tenía el éxito garantizado a eso de las cinco de la tarde, cuando se llenaba de “los que jugaban a ser ingleses”. Pero en 1940 llegó “un sardino de 16 años, uno de esos que deambula la ciudad buscando futuro”.

Lo contrataron como limpiador de latas e inexplicablemente, don José le permitió vivir en Florida.”Le preguntamos por qué lo permitía y no sabía responder. Seis meses después él le estaba proponiendo a don José lo del chocolate, que tenía que cambiarlo porque no pegaba”.

Don José siempre reconoció que la formula del chocolate Florida era de ese joven, que desde entonces ha sido la insignia de esta pastelería.

Ese artesano del chocolate era Eduardo Marínez. “Ese limpia latas era mi padre”, recuerda Elsa.

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Ellos trabajaron juntos hasta 1968, cuando falleció el señor Granés. Entonces, en 1970, sus hijos dijeron que ellos ya vivían dignamente, que era el momento para que Eduardo también lo hiciera y por eso debía quedarse con Florida.

Se lo vendieron por el pasivo pensional más tres millones trescientos pesos“.

Don Eduardo estuvo al frente de Florida hasta 2002, cuando falleció, y ahí sus hijos entraron a asumir la administración.

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Las sedes y el amuleto de Arturo Calle

La primera sede de Florida estaba en la carrera Séptima con calle 20, donde hoy funciona la tienda de Arturo Calle.

Cuando la casa estuvo en venta, al señor  Eduardo no le alcanzaba la plata para comprarla. La casa la compró el señor Arturo Calle, quien dejó a Eduardo Martínez quedarse ahí por más 20 años, hasta el 2000, cuando se la pidió de vuelta.

“Arturo Calle decía que Martínez había sido un amuleto de la buena suerte. Yo que soy economista, y politóloga, tengo otra perspectiva. Era un amuleto que le rentaba millones“.

Florida estuvo a punto de acabarse, no encontrábamos un sitio y fue una época de mucha tensión porque necesitábamos la pastelería para vivir”. Pero, luego sucedió algo que ni el propio Martínez podía creer.

De la nada apareció un señor “que le dice a mi padre que si sabía de alguien que estuviera interesado en una casa que él está vendiendo junto a la Personería de Bogotá“. Eduardo no lo creía.

Luego le contó a sus hijos que alcanzó a pensar que se había vuelto loco, que era tal la sicosis de la necesidad de un lugar, que pensó que se estaba imaginando lo que quería escuchar. Tanto así, que llamó a Marielita, una de las meseras, para que le repitiera lo que estaba diciendo el señor, quien efectivamente tenía la casa que Florida necesitaba.

En ese entonces, la casa, donde sigue atendiendo Florida, costó unos 770 millones de pesos, y era una construcción de patrimonio.

La restauración salió ‘por un ojo de la cara’ y se iba a inaugurar el 6 de agosto de 2002, durante la celebración del cumpleaños de Bogotá.

Sin embargo, “para mí pasaron dos desgracias en esa fecha, una personal y una colectiva. El 4 de agosto, Eduardo Martínez decide morirse, y el 6 nos enviaron unas comunicaciones de la Presidencia donde no nos autorizaban ningún evento porque se posicionaba Álvaro Uribe y  se preveían desordenes”. Resultaron haciendo la inauguración en septiembre.

Con la muerte de Eduardo y el cambio de sede, muchos clientes dijeron que Florida no iba a ser lo mismo, incluso uno dijo que nunca volvería. Se alcanzó a pensar “Florida se murió“.

Y hoy, 80 años después de su fundación, se encuentra en una situación similar. ¿Dejaremos morir los bogotanos un emblema de la ciudad como este?

Esperen muy pronto cuál será el destino de Florida. Mientras tanto, apóyenlos yendo a tomarse un chocolatico, el mejor de la zona.

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Sandra Defelipe
Rola con toda, y parte de CÍVICO hasta el 2015, ahora es colaboradora desde la distancia. Ha pasado por EnterCO y Hangouts de Periodismo. Actualmente recuerda a Bogotá desde Salvador de Bahía, Brasil: ''Paticortica' pero de muchos pasos, me encanta caminar por Bogotá, mejor si está gris y con pinta de llover, rolo que se respete no le gusta el calor.
Publicado
agosto 27, 2015

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