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NOTICIA foto: Creative Ignition - Flickr

Chocolate, algodón de azúcar y más olores tradicionales de Bogotá

Bogotá no sufre del mal de Jean Baptiste Grenouille, por el contrario, expide olores por doquier. Cada zona, barrio, cuadra y calle puede identificarse no solo por su gente, sino por su aroma.

Científicos han concluido que las percepciones olfativas que más se destacan son las de  fragante o floral, leñoso o resinoso, frutal (no cítrico), químico, mentolado o refrescante, dulce, quemado o ahumado (como las palomitas de maíz), cítrico, podrido, acre o rancio. Todas estas las podemos encontrar en zonas tradicionales de la ciudad.

Bogotá tiene olores que enamoran, que producen nostalgia, dan ganas de comer o simplemente de taparse la nariz. Para unos Bogotá huele a tierra mojada, para otros a café, montaña, naturaleza o ‘splash’, y otros son más generales al apuntar que huele rico, feo (depende de dónde esté) o del clima, porque a veces la ciudad tiene una fragancia con sol y otra con lluvia.

(Si le gusta el olor a café no puede dejar de hacer la ruta por los cafés de antaño en La Candelaria)

En cualquier caso, deje que su nariz lo guíe por estos lugares, no necesita direcciones o GPS para ubicarlos, solo el olfato.

Estos son los aromas más fuertes y tradicionales de nuestra polifacética ciudad.

Chocolate

Foto: freestockphotos

Foto: freestockphotos

Pasar por la Calle 13 entre 62 y 57 es una experiencia de gusto y disgusto. El olor a cacao es impregnante, de entrada no le gusta a todo el mundo, pero después de esperar el cambio del semáforo cerca a la Nacional de Chocolates es inevitable pensar en una chocolatina Jet o que den ganas de un chocolatico con queso y almojabana.

Grasa

También en Puente Aranda hay  un olor peculiar en toda la zona que rodea a Grasco. La mezcla de olor a grasa, con químicos es fuerte, hace que pique la garganta y que se cierren los ojos. Dan ganas de pasar un sorbo de agua.

Foto: CÍVICO

Foto: CÍVICO

Curtiembre y cuero

El barrio San Benito en Tunjuelito es un espacio cuyo aroma es su característica principal. Allí quedan las curtiembres, donde se hace todo el tratamiento del cuero y para el visitante que llega por primera vez, es una experiencia muy fuerte, no se puede escapar del olor. Las calles, las paredes, la gente, todo huele a cuero en procesamiento proveniente de negocios como Curtiembres Varmen, Lavi o El Reno.

No piense en el olor del cuero de la chaqueta o los zapatos, sino en la mezcla de piel, químicos, gases tóxicos y humo, entre otros. No, no es agradable. Pero sin duda es de los olores que más empapan las calles de la ciudad, pues esta industria de los curtidos lleva más de 40 años en allá y es como una ciudad exclusiva de esta actividad.

Foto: Donarreiskoffer- Wikipedia

Foto: Donarreiskoffer- Wikipedia

Ahora sí piense en el olor del cuero de los zapatos, bolsos y correas, pero ubíquese en el barrio Restrepo. Producción nacional latente, porque si uno va caminando por las calles comerciales de allí puede sentir el olor del bóxer, goma y el mismo cuero. Huele a trabajo hecho a mano, a productos frescos típicos de este material.

Foto: Miguel Ibáñez- Flickr

Foto: Miguel Ibáñez- Flickr

Divino Niño del incienso y esencias

El 20 de Julio es una explosión de olores cítricos, tostados, ahumados y también relajantes. La ruta del olor es por la calle 27 sur, a un par de cuadras de la Iglesia del 20 de Julio, donde hay todo un mercado ambulante de velas, esencias, hierbas, imágenes religiosas e inciensos, que son encendidos para que los transeúntes puedan degustar olfativamente las fragancias. Y un día de misa o un domingo de ramos, la zona es un hervidero de fragancias que hacen dar ganas de abrir las fosas nasales y aspirar todos los olores.

Foto: vreimunde- Flickr

Foto: vreimunde- Flickr

Algodón de azúcar

Bogotá es dulce y rosada en los parques como el Simón Bolívar y Salitre Mágico.  En las afueras se parquean los típicos carritos de algodón de azúcar y tal vez por el color rosado y su característico dulce, muchos resultan cayendo en la tentación, metiendo la cabeza entre esa nube rosada para dar un bocado, y al final los dedos quedan pegachentos, pero el niño que todos llevamos adentro está satisfecho. Desde la montaña rusa del Salitre o la rueda de la fortuna se ven y se huelen ese azúcar, que se revuelve también con el del maíz pira.

Foto: jacinta lluch valero- Flickr

Foto: jacinta lluch valero- Flickr

A monte, verde y charco

Uno de los olores que más podemos disfrutar es el de la naturaleza en todas sus expresiones. Dese una vuelta por el Simón Bolívar y sienta el olor del agua, o acérquese a los cerros para oler la montaña y los árboles. Quédese en un parque después de que cortan el pasto o si quiere oler flores vaya al Jardín Botánico, tiene todo un menú de olores a su disposición (como las orquídeas, el símbolo nacional más bello). El Parque Nacional también es un banco de olores por el que no tiene que pagar, solo disfrutar.

Foto: CÍVICO

Foto: CÍVICO

Todas las caras de Bogotá las encuentra en el app de CÍVICO.

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Sandra Defelipe
Rola con toda, y parte de CÍVICO hasta el 2015, ahora es colaboradora desde la distancia. Ha pasado por EnterCO y Hangouts de Periodismo. Actualmente recuerda a Bogotá desde Salvador de Bahía, Brasil: ''Paticortica' pero de muchos pasos, me encanta caminar por Bogotá, mejor si está gris y con pinta de llover, rolo que se respete no le gusta el calor.
Publicado
julio 18, 2015