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NOTICIA

Memorias de una fanática de Backstreet boys

Este viernes, en paralelo al encuentro casi bélico entre Chile y Bolivia, se presentarán los chicos de la calle de atrás en el Movistar Arena, esos que me guiaron en el camino de los suspiros, que me mostraron el mundo, que me hicieron revelarme a mis padres por primera vez. Los Backstreet boys se aproximan a Santiago y esta servidora hace su recuento doloroso sobre todas aquellos intentos fallidos por ver a los culpables de una adolescencia normal.

Intento uno

Tenía la noble edad de siete años. No sabía aún de frustraciones en mi vida. Eran mis vacaciones. Nos habíamos quedado en Mirasol, una localidad cercana a Algarrobo. Casa de descanso, zona residencial. Pleno febrero, sinónimo de Festival de Viña. Primera vez que ellos, mi banda favorita, probablemente la primera que recuerdo que escuché, mi única banda entonces, venían a darse una vuelta por acá, al fin del mapa.

No verlos en vivo me apenaba, pero me parecía comprensible aún a mi corta edad. Mega por esos días no era de los canales con mejor señal, así que no esperaba calidad hachedé, pero al menos que no fallara. Estaba tranquila, los tres días anteriores se había visto correctamente, cumplía. Vi la histeria y los desmayos antes del show, vi a las chiquillas gritando afuera del Sheraton Miramar. Yo quería ser ellas, pero no. No lo era. Mi cuerpo infantil me lo impedía.

No importó. Durante esos cuatro días fue mi dictadura de la televisión. Todo aquello que tenía que ver con los BSB me obsesionaba: la llegada al país, el griterío, su arribo a Viña, la entrevista con el hoy por hoy tan vigente Julito Videla, todo.

Diez en punto. Quizás más, no sé. De ahí en adelante todo se vuelve confuso. Comienza la transmisión y sale Antonio. Hace su presentación y termina diciendo: “Amigas y amigos, en Viña del Mar canta Backstre…” y ¡paff! De pronto no hubo más, no vi más. El silencio blanco de la televisión calló para siempre -la vida es eterna en una hora y ocho minutos-  a Nick, Kevin, Brian, Howie D y AJ.

Exploté en llanto. Me desesperé. Mandé a mi hermano al techo, a mi papá, a cualquiera. Hicieron lo que se pudo, pero nunca –Insisto-, nunca más volvió. Sí, aunque usted no lo crea algo le pasó a la señal. Simplemente la perdimos. Lloré, grité, pateleé, tuve mi propio primer ataque de histeria. Cerré puertas, insulté. El festival nunca volvió a ser lo mismo para mí.

Nunca vi la presentación. No sé qué canciones cantaron. No vi repeticiones. Si no lo vi cuando debí, me juré que la próxima vez que los viera sería en vivo. Ahí está en youtube. A veces pienso en ponerle play, pero no. Al igual que Pinilla, yo también quería mi revancha.

Intento dos

Esta venida fue menos entusiasta y sentida que la primera, es claro. Estaban más viejos, más gordos, con adicciones a cuestas: la vida les había pasado por encima, cabros.

Yo era adolescente y estaba en ese periodo medio emo o lisa y llanamente pelotudo en donde todo lo que hiciste y fuiste te da vergüenza. Ahora me da vergüenza reconocer que los renegué, que aunque sentí ganas infinitas de verlo, de romper con mi propia historia. No tenía plata, pero podría haber apelado al cumpleaños, a la navidad, a que era la hija más chica, qué se yo. Pero no, no lo hice. La adolescencia es un periodo demasiado estúpido como para entenderlo.

Intento tres

¿Le soy honesta? No tenía plata, venían sin Kevin (Le amaba) y no cachaba ni una canción de los últimos discos. La verdad es que en 2011 verlos me dio lata; sentí que ya no valía la pena.

Intento cuatro

Vuelven celebrando sus 20 años. Están con Kevin otra vez entre sus filas –sin duda el más irrelevante de los cinco miembros, pero por lejos el que se ha conservado mejor-. Aquí la promesa es cantar los hits, las canciones que los llevaron a la gloria. Esos hits que a las asiáticas y europeas –sí, yo vi cada uno de los programas de MTV dedicados a los socios de Florida-, volvían locas. La promesa es cantar “Quit Playing Games (With My Heart)”,  “Everybody”, “I Want It That Way”, “Larger Than Life”, “The One”, “The Call” y más. La promesa de este show es demasiado buena para ignorarla.

Cuando supe me coordiné con una amiga. Nos demoramos en juntarnos para comprarla, no por ganas ni voluntad, si no por culpa de la bendita vida adulta. Teníamos el tiempo, la plata y partimos. Hicimos la fila: “Dos canchas, porfa”, “Están agotadas”, nos respondió la vendedora. Imagínese la cara. Imagínese la frustración.

Paciente miré la prensa local para que alguien me diera la noticia de una nueva fecha. Nunca pasó.

Aquí estamos de nuevo, leyendo la prensa, contando los días para un evento que no sucedió antes y que no sucederá ahora.

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Valentina Collao
Soy periodista de CÍVICO Santiago desde marzo del 2015. Primero que todo, transparentemos: Emmanuel es más grande que tu problema. Dicho esto, le cuento que provengo de las tierras del gran Gary Medel y del hombre con la lágrima en la garganta. También me gustan las canciones cumas. De hecho, si me ve por ahí, dedíqueme una: nunca le han achuntado. Mi abuela me enseñó a comer toda la comida.
Publicado
junio 16, 2015