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NOTICIA Foto: Sarita Colonia

La ruta del kitsch: bares que apuestan por el encanto de lo recargado

Fue una búsqueda exhaustiva. La misión era encontrar locales distintos, únicos, con una propuesta de diseño que los distinguiera del resto. Nostalgia, antigüedades, música del pasado, ambientaciones variadas, temáticas excéntricas y públicos distintos. Eso es lo que ofrece la fauna gastronómica kitsch que vive y vibra la ciudad.

Recientemente abrió sus puertas Veritipical, bar Kitsch instalado en plena calle Cumming. Homenajes a Cecilia Bolocco, gatos de la fortuna, cultos religiosos, muñecas y fruteros de plástico. Todo está en sus muros y mesas. Todo bien exagerado, sobrecargado. Así es esta nueva incursión de Pato Hado –organizador de fiestas kitsch- y Soledad del Río, vocalista de la banda La Guacha. Aquí la música también es protagonista, cosas populares, canciones de cantina y harto vacilón de antaño para dar forma a un espacio lleno de color y vida.

Foto: Veritipical

Foto: Veritipical

Antes de continuar, una aclaración: el concepto ‘kitsch’ tiene que ver estrictamente con el mal gusto. En suelo local la idea se desvirtuó y pasó a ser sinónimo de todo lo sobrecargado, incluso lo antiguo. En CÍVICO, tomamos esta última acepción popular y te contamos de bares con estética vintage y media colorinche:

Sarita Colonia

Un clásico de la movida nocturna capitalina. Los elementos estéticos que lo componen (tapizado militar, espejos, lámparas de cristales, calaveras y detalles en neón) hacen del espacio un lugar con onda y estilo. El imaginario popular peruano se materializa con la ‘Cocina Peruana Travesti’, esa que les otorga un sello particular desde sus inicios; un lugar donde la demencia kitsch y el maximalismo se expresan para contar diversas historias entrelazadas con lo religioso, la muerte, la vida, la amistad y la gastronomía.

Foto: Sarita Colonia

Foto: Sarita Colonia

Lili Marleen

Un restaurante militar, esa es su consigna. Un espécimen raro. Su nombre, puesto en honor a la vieja marcha militar alemana, da pistas de lo que se puede encontrar ahí: un templo para venerar ídolos caídos, militares que durante algún tiempo fueron ley. Una vitrina triste para admirar un pasado que queremos que no se vuelva a repetir. Pero fuera de las imágenes (sí, señora, tienen un pasillo dedicado a Augusto Pinochet), es un lugar particular: marcos dorados, loza floreada, harto espejo. Un paseo especial que sin duda dará para la conversación y para ingresar al listado de lugares curiosos por conocer. Desde ya le advierto: si no abraza los homenajes militares, mejor ni se asome, que le puede dar urticaria.

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Berri

Ubicado en pleno barrio Lastarria, el Berri es uno de los bares más rococó de la zona. Mucho antes de cualquier moda bohemia, el espacio fue centro de reuniones para políticos y militares en la década de los 80, cuando a pasos estaba el edificio Diego Portales (actual Centro Cultural Gabriela Mistral). Su diseño es como un gran barco dividido en dos clases sociales. La parte de abajo, más popular por cierto, también un poco más descuidada pero conservando una estética antigua. La de arriba, perfectamente organizada, con cuadros, sillas y objetos que nos transportan directamente al pasado. Carta abocada a las cervezas, vinos y picoteos.

BERRI

Boulevard Lavaud

Uno de los recintos tradicionales del gran Santiago; abarca una variada carta gastronómica y el espacio está decorado con una serie de elementos sacados de tiendas de anticuarios. Además, está emplazada en el segundo piso de la centenaria Peluquería Francesa. Harto cachivache, muebles art déco y cuadros brillando en sus muros, se complementan con una carta de abundantes platos donde los protagonistas son las carnes y pescados. Si te gustan los objetos en vitrina, este espacio es total para ti, pues están a la venta muchas de las piezas que decoran el espacio.

Foto: Boulevard Lavaud

Foto: Boulevard Lavaud

La picada de Gloria ex Café Santa Julia

Esta cantina de calle Catedral tiene lo suyo. Televisores antiguos apilados como un muro, otros encendidos transmitiendo la teleserie de turno. Radios, teléfonos, cafeteras y patentes son parte de la visual de este antiguo local a pasos del barrio Yungay. Aquí la carta es sencilla: ofrece vinitos y borgoñas varios, además de comida casera chilena y típica de la abuela, como pantrucas, garbanzos, porotos… Todo barateli.

SANTA JULIA

Tienes otro dato kitsch, ¡Cuéntanos!

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Valentina Collao
Soy periodista de CÍVICO Santiago desde marzo del 2015. Primero que todo, transparentemos: Emmanuel es más grande que tu problema. Dicho esto, le cuento que provengo de las tierras del gran Gary Medel y del hombre con la lágrima en la garganta. También me gustan las canciones cumas. De hecho, si me ve por ahí, dedíqueme una: nunca le han achuntado. Mi abuela me enseñó a comer toda la comida.
Publicado
julio 07, 2015