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NOTICIA Foto: CÍVICO

CÍVICO recomienda: Maestranza, cocina de mercado

Para muchos – o casi todos – ir al barrio Franklin significa persa, cachureos, muebles, galpones y algo más. Y sí, este clásico sector de Santiago es eso, pero un grupo de artistas de la cocina decidió convertirlo también en el nuevo destino gastronómico. Así nace Maestranza cocina de mercado, un local de comida ‘real’, como sus creadores le han bautizado.

Se trata de un espacio con una estética bien marcada, que mezcla elementos de la típica picada de barrio con una volada más kitsch, utilizando recursos como muñecas, máscaras y rayados del tipo J Cruz. Desde ahí ya todo es un estímulo diferente.

Al llegar la palabra clave es paciencia. “Esto no es ná el Macdonal”, te dirán los rayados con tiza en los muros. Y es que aquí el arte de la cocina va en serio. Sus comprometidos dueños se pasean por todo Santiago consiguiendo las materias primas con las que preparan, ellos mismos, los embutidos, por ejemplo. Prietas, butifarras y queso de cabeza están entre las preparaciones estrella de este local.

A ésta y otras proteínas – como la entraña, el pernil, la panita y distintos pescados, dependiendo de la temporada – le acompañan con orgullo un puré rústico de zapallo, una suave pastelera, un guiso de mote y otros tantos manjares. Además, punto fundamental para quien escribe, cada plato va acompañado de un ají escabechado de producción propia. Sencillamente el broche de oro.

Tips para visitar este imperdible reducto de la gastronomía local:

No venden copete, pero usted puede llevar el suyo (el descorche cuesta dos lucas por mesa)

No hay postres, así que ya tenemos al equipo investigador de CÍVICO buscando picadas dulces por el sector. Ya le informaremos.

Le reciben con pan y pebre, pero ojo, pancito con chicharrones y un pebre que no es pebre, sino más bien un manjar de los dioses que sabe, a ratos, a pebre.

Llegue con tiempo, ojalá a las 13:00 horas, porque empiezan a sentar a los comensales a las 13:30 y a esa hora, ya se ocupan todas las mesas. Después, el tiempo de espera fluctúa entre los 30 minutos y la hora. Vale la pena cualquier sacrificio. Se lo juro.

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Javiera Alfaro
Editora de CÍVICO Santiago. Nacida y criada en esta capital al sur del mundo. Melómana, cinéfila y ratón de bibliotecas. Orgullosa tía de dos princesas. Defensora de las causas perdidas y de las inagotables posibilidades del espacio digital. Ah, y viuda de Bielsa.
Publicado
julio 21, 2016