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NOTICIA Foto: Francisco Valdés

La invasión de las pulseras rojas

Providencia, Paseo Ahumada, Paseo Puente, a las afueras de sedes universitarias o salidas de metros varias. En todos esos lugares, y en cuánta feria artesanal se le ocurra, están ofreciendo unas pulseras rojas que quizás a usted y también a mi editora, le llamaron la atención. Porque sí, aunque yo las vengo viendo en muñecas ajenas hace años, el ojo sagaz de mi jefecita, detectó que hoy por hoy están convertidas en un boom.

Y capaz que tenga razón.

Preguntando en esos verdaderos mercados callejeros, las razones de uso son varias: que quitan el mal de ojos, que atraen las buenas energías, que se pueden pedir deseos, que incitan al amor, que son para la tener buena salud. Las explicaciones son tan variadas como complementarias. Doña Marcelina, una trabajadora independiente de Av. Providencia lo resumió con elocuencia: “La verdad mijita, no sé, pero pa’ algo positivo deben ser”. Y seguro que sí.

Foto: Francisco Valdés - CÍVICO

Foto: Francisco Valdés – CÍVICO

Sea fe, entusiasmo, copia, moda, boom o lo que sea, la gente cree que funcionan. Y la compran. No por nada, la misma doña Marcelina cuenta que al día vende más de 100. Y es que claro, vende a dos por mil solo las hechas con hilo, y a luca las que vienen con una manito de Fátima (un equivalente a “que dios te bendiga”). Más de 100 solo ella, porque desde Pedro de Valdivia a Ricardo Lyon hay al menos otros ocho intermitentes vendedores con el mismo accesorio rojo en sus improvisadas vitrinas callejeras.

Y aunque creyera que el público femenino es el que está mayoritariamente interesado por este sencillo amuleto, una vez más me equivoco. Porque ELLOS también paran, preguntan y compran.

En fin, como sea, agudice el ojo. Pregunte, guíese por la mejor promesa y compre la famosa pulserita roja ¿cómo sabe si nos cambia la vida?

Foto: Francisco Valdés

Foto: Francisco Valdés – CÍVICO

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Valentina Collao
Soy periodista de CÍVICO Santiago desde marzo del 2015. Primero que todo, transparentemos: Emmanuel es más grande que tu problema. Dicho esto, le cuento que provengo de las tierras del gran Gary Medel y del hombre con la lágrima en la garganta. También me gustan las canciones cumas. De hecho, si me ve por ahí, dedíqueme una: nunca le han achuntado. Mi abuela me enseñó a comer toda la comida.
Publicado
mayo 20, 2015