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NOTICIA Foto: Francisco Valdés - CÍVICO

Plaza de Armas un punto de encuentro para los ajedrecistas de la ciudad

Dos hombres, un tablero, 16 piezas, un reloj. Unos cuantos “mirones” que siguen cada movimiento como si fuesen propios. Todo esto transcurre en un escenario muy conocido: Plaza de Armas de Santiago.

Es la escena que se repite todas las tardes desde las 13:00 y se extiende invariablemente hasta pasadas las 21:00 horas. Son los representantes de un club de ajedrecista amateurs que hace 27 años se “tomaron” el ex kilómetro 0 y no lo han soltado más.

Se trata del Club de Ajedrez Plaza de Armas de Santiago. Está compuesto por más de 100 hombres de todas las edades y estratos socioeconómicos, todos quienes están con sus cuotas al día. De igual forma hay “visitas” que pueden jugar una partida de ajedrez, pero la prioridad es de lo socios.

Su hábitat es obvia: El costado oriente de la Plaza de Armas. Si llueve se guarecen en el odeón y en contadas excepciones se van a su sede ubica Monjitas Nº 879.

El coordinador es Patricio Godoy, uno de los directores de la organización sin fines de lucro que sobrevive mientras sus asociados “se matan”.

“La gente viene a distenderse. A olvidar después del trabajo y pueden estar todo el día si quieren”, explica entre medio de batallas que se llevan a cabo en silencio. No importa quién gane. Un apretón de manos y la vida sigue.

Cuando la tarde comienza a avanzar y el fin de la jornada laboral en Santiago se acerca, una docena de mesas es levantada y los alfiles, torres y peones son ubicados en sus respectivas posiciones. Frente a ellos se sientan variopintas personas: caballeros de cuello y corbata, que pareciera vienen saliendo de una reunión importante, compiten largo y tendido con obreros de la construcción que mientras mueven un caballo cuidan con sus piernas una mochila de mezclilla.

Acá todos se juntan: jóvenes, adultos, hombres de apariencia humilde, viejos, algunos fuman. Todos están concentrados jugando y por ello ninguno dio entrevistas mientras jugaban. La concentración es la prioridad.

Cuando terminaban un “round”, empezaban de nuevo. La revancha, dicen.

Paradójicamente quienes luchan por salvar al rey y a la reina, no tienen una. En el club no hay mujeres. Hace años que no hay inscritas y por ende, no hay representantes de este género en las competencias comunales y regionales. “Es una deuda pendiente”, dice Godoy.

Cuando el sol se pone detrás de la Catedral de Santiago las mesas comienzas a ser plegadas, las figuras guardadas y la única seguridad es que al otro día este deporte de estrategia volverá a reunir a oficinistas con obreros y a ancianos con universitarios.

Foto: Francisco Valdés - CÍVICO

Foto: Francisco Valdés – CÍVICO

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Gonzalo Haristoy
Soy periodista de CÍVICO Santiago desde marzo de 2015. Me gustan los osos y que me paguen por escribir. No colecciono nada. Soy donante, cáncer, Juanherrerista, leo diarios ajenos en el metro y tripofóbico, esto último lo descubrí por casualidad el verano de 2011. De la izquierda y otras delicias. Lo comi'o y lo baila'o, de aquí en más, a vuestro servicio.
Publicado
junio 30, 2015