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NOTICIA Foto: Francisco Valdés - CÍVICO

Una peregrinación al mercado Tirso de Molina

Ubicado en pleno barrio ‘La Chimba’ en Recoleta, el mítico centro de abasto se erige como un espacio de sobrevivientes que transitan en búsqueda de comida y algo para la sed.

Son las 8 de la mañana en el mercado Tirso de Molina. Es domingo y hay solo dos opciones para que estés ahí: la extensión de un día que aún no acaba o trabajo. Para ambos, la solución es la misma: medio litro de leche con frutas. Muy helado. Piña con mango, pera con apio, frutilla con maracuyá, chirimoya con naranja, fruto del paraíso con pepino. Las mezclas son infinitas, las promesas de energía y las ganas de saciar la sed, también.

A esa hora el lugar está lleno de sobrevivientes. Locatarios, clientes -muy pocos- y mendigos. Algunos deambulan huyendo de la luz, otros acuden a la espera de encontrar el brebaje que los resucite, que los salve de la desidia, la noche y del sueño.

Temprano, medio vivo medio muerto, el mercado Tirso de Molina se enciende poco a poco, local por local, como un templo religioso sin orden determinada en la que peregrinan todos: Turistas, indigentes, inmigrantes y el resto. Un espacio cruzado por una cruz artesanal que muestra el nombre del dramaturgo, poeta y religioso español que da nombre al mercado y una virgen que es la ama y señora del lugar -no es raro ver a sus costados hombres y mujeres, en un ritual interior que simula la oración-.

Otro día, otro horario, y las cosas no son tan distintas. Esta vez hay mucha más gente eso sí. Es un paseo de todos los estratos socioeconómicos y países. Mientras el primer piso te muestra la infinita variedad de productos locales y extranjeros para condimentar los platos; frutas al por mayor, abarrotes, dulces, quesos e incluso ropa, en el segundo nivel ya no son los productos los que cuentan sino el restaurante con mejor anfitrión. Hay simpáticos, seductores, graciosos, indiferentes, locuaces. Para todos los gustos.

Allí  la cosa cambia. El aroma simplemente te golpea, y si tienes hambre, te duele. Cafeterías y picadas componen la panorámica. La gastronomía de países como México, Perú, Colombia, Tailandia y Chile es retratada a través de tacos, papas saltadas, porotos negros, tallarines agridulces y cazuelas de vacuno que oscilan entre los $2.000 y $5.000 pesos. Menús tan calóricos como sabrosos.

A casi cuatro años de su reinauguración el mercado Tirso de Molina sigue más vivo, diverso y multicultural que siempre. Peregrinos que asisten a un templo sin dioses, pero que a cambio reciben la salvación a cambio de unos pocos pesos.

TIRSO TEXTO

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Valentina Collao
Soy periodista de CÍVICO Santiago desde marzo del 2015. Primero que todo, transparentemos: Emmanuel es más grande que tu problema. Dicho esto, le cuento que provengo de las tierras del gran Gary Medel y del hombre con la lágrima en la garganta. También me gustan las canciones cumas. De hecho, si me ve por ahí, dedíqueme una: nunca le han achuntado. Mi abuela me enseñó a comer toda la comida.
Publicado
mayo 03, 2015